Mayo 2026 · 3 min de lectura

Amigos por correspondencia: la historia de los penpals

Antes de internet, la amistad llegaba en sobre. Un repaso por el origen del snailmail.

Amigos por correspondencia: la historia de los penpals

Un penpal es, en su forma más simple, alguien con quien intercambiás cartas de manera regular sin haberlo conocido en persona, al menos al principio. La palabra viene del inglés pen pal, que se traduce más o menos como "amigo de la pluma", o sea, un amigo hecho a fuerza de tinta y papel. El término entró al diccionario de Oxford en 1931, y la verdad es que la práctica se volvió algo organizado bastante rápido: en 1936 se creó una sociedad con el propósito de emparejar personas con un amigo por correspondencia, llamada Student Letter Exchange. La idea era preciosa y bastante ambiciosa para la época: que un chico de un país le escribiera a otro del otro lado del mundo y, sin moverse de su casa, conociera una cultura entera a través de los ojos de alguien real.

Antes de internet, así se conseguía un penpal: ojeando esos avisos, eligiendo a alguien por una afición compartida (los sellos, la música, los idiomas) y mandando la primera carta a ciegas.

La cosa creció con el siglo. Las dos guerras mundiales impulsaron el crecimiento de los amigos por correspondencia, porque las familias y los soldados buscaban conectar con personas de otros países para aliviar la soledad y la incertidumbre de la guerra. Y después, ya en plena posguerra, el fenómeno explotó: aparecieron clubes y organizaciones por todos lados, revistas con avisos clasificados donde la gente publicaba un pequeño perfil de sí misma, y diarios que dedicaban columnas enteras a juntar desconocidos. Antes de internet, así se conseguía un penpal: ojeando esos avisos, eligiendo a alguien por una afición compartida (los sellos, la música, los idiomas) y mandando la primera carta a ciegas, sin saber si del otro lado iba a haber respuesta. Esa espera, justamente, era parte de la gracia.

En Argentina y en buena parte de Latinoamérica, esto se vivió sobre todo a través de la escuela y de las revistas. Muchos lo recordamos: la maestra de inglés que armaba un intercambio con un colegio de Estados Unidos o de Europa, o las páginas de las revistas juveniles de los ochenta y noventa, donde aparecían nombres, direcciones y una frase tipo busca amistad sincera, le gustan los Beatles y coleccionar postales. Se escribía en papel de carta, se decoraba el sobre con stickers, se metían fotos adentro, a veces un casete grabado. El correo postal era el puente, y el cartero, sin saberlo, el que entregaba media adolescencia en cada sobre. No era raro mantener una correspondencia durante años con alguien a quien nunca se le veía la cara más allá de una foto medio borrosa.

Hoy esa misma necesidad, la de algo lento, físico, escrito a mano, vuelve a aparecer, pero adaptada a cómo vivimos ahora. No todos tienen el tiempo o las ganas de conseguirse un penpal en Finlandia y sostener la correspondencia, y ahí es donde entra una versión más cómoda de la misma idea: el club de correo. Otro Aire toma ese espíritu de los amigos por correspondencia y lo convierte en una suscripción mensual: una vez al mes te llega una carta de verdad, en papel, con papelería y objetos gráficos elegidos uno por uno. No tenés que buscar a nadie ni esperar que te contesten; simplemente abrís el buzón y ahí está, esperándote (aunque no descartamos que esto cambie con el tiempo). Es la magia vieja del snailmail, sin la parte complicada. Solo el sobre, la carta, y ese pequeño paréntesis en medio del ruido.

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