La carta de septiembre se cierra el 15. Quedan 5 días.
Nosotros

Una familia, una carta.

Quiénes escribimos y por qué seguimos haciéndolo.

Rober con gorro de lana y Andre con Dante en el cochecito, Zama al lado, en la vereda de su barrio

Hola, querido lector, querida lectora.
Somos Andre, Rober, Dante y Zama, una familia del conurbano bonaerense a la que un día se le ocurrió mandarle cartas a desconocidos. Yo, Roberto, escribo estas líneas y también las cartas que vas a recibir. Llegué a Buenos Aires en el 2016 para estudiar Cine y desde entonces con Andre no paramos de inventar cosas, de crear. En 2024 nació Dante, nuestra fuente de energía inagotable. Y Zama, nuestra fiel perrita que adoptamos en el pandémico 2021.

Otro Aire empezó formalmente en junio de 2026, pero la idea ya nos venía resonando desde ese abril. Intuimos, con el riesgo de equivocarnos, que el giro que la tecnología le está dando a esta era, traerá consigo una revalorización de las cosas hechas a mano, hechas por humanos. Esa fue la primera luz. Queríamos también explorar hacer algo analógico, artesanal, algo que nos devolviera la alegría de crear. Muy a contracorriente de lo que hacemos para vivir. Escribir y diseñar en papel para alguien que está buscando una pequeña pausa a la virtualidad, nos pareció, y nos sigue pareciendo, una idea que vale toda la pena perseguir.

La carta es un diario familiar abierto: cuento los azares de nuestros movimientos. Escribo nuestros errores, nuestros hallazgos, sin acomodarlos demasiado, dejando salir las escenas que se hilvanan alrededor de un tema. Escribo como si la carta la fuera a leer mi mejor amigo o un familiar lejano. Luego Andre la lee y de ella emanan las ideas que se convertirán en los artefactos gráficos. Cada pieza que nace de la historia, es pensada por ella durante el día y materializada de noche, después de su trabajo y sus estudios. Nada de esto se automatiza.

El cine, la música, la escritura, el diseño, la ilustración, que antes servían para encarar el mundo laboral, hoy nos sirven para encauzar algo nuestro, que es para todos. Hay algo de rescatarnos ahí, de reinventarnos y obligarnos a intentar escaparle a la desesperanza actual (o al menos darle cara). Bajarnos un rato de este tren desbocado, cebar un mate, sentarnos frente a la ventana y mirar, escuchar, pensar un poco mejor. Calmar esa ansiedad por lo que dura un reel y volver a apreciar, por qué no, este ritual un tanto olvidado de enviar una carta. Por ahí a más de alguien le resuena.

No sabemos bien a dónde nos llevará todo esto, pero algo nos dice que es el camino correcto.

Vamos lento porque vamos lejos.

Un abrazo fraterno,
Rober.

¿Querés recibirla o regalarla?

La carta de septiembre se cierra el 15.